Volvemos como vinimos. Bueno, exactamente igual no. En muchos ámbitos hemos cambiado. De cuatro solo quedaron dos, uno desertó y la otra fue asesinada con la más venenosa de las sonrisas.
Por otro lado, la habitación tuvo un nuevo dueño que mantenía las tiras cerradas y corría las cortinas.
Espiritualmente ha sido una aventura infinita, un cruce de pensamientos constantes, tratando de camuflarte externamente con el medio. ¿Es que los camaleones son menos camaleones cuando se vuelven marrones? La esencia nunca se pierde, ella nunca la perdió, por suerte o por desgracia.
Agradecida siempre por haber compartido una parte del hilo de lana rojo que forma su vida.
Acepta y se deja caer hacia el destino, sabiendo que al final de la trenza, cada uno se queda a solas con sus recuerdos. Y lo que tenga que ser, que sea.
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