Viviendo sobre el reloj
al descuido de las palabras,
en continuo disimulo.
Manos frías, quemadas por el hielo
eliminando aliados,
sobre el mismo eje, siempre en giro.
Hasta que llega el cometa a tu gravedad, repasas tus leyes
y un día te das cuenta de que la luna no está tan lejos
vigilando tu espalda, siempre en danza.
Y que ha cambiado tu órbita,
descubriendo otro punto de vista,
unos zapatos nuevos con los que correr.
Yo soy tu luna, déjame alumbrarte,
camina con mi vaivén
búscame cuando estés perdida.
No prometo estar siempre, pero sí prometo estar cada noche.
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